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Marca: RUGBY
Modelo: Baquet
Año: 1928
Marca: Ford A
Modelo: VICTORIA
Año: 1931
Marca: PLYMOUTH
Modelo: Phaeton
Año: 1928
Marca: Alfa Romeo RL
Modelo: Caja de cambios
Año: 1929
Marca: Porsche 911
Modelo: Targa 2.7
Año: 1974
Marca: Ford A
Modelo: Baquet Aluminio
Año: 1929
Modelo: Buick
Modelo: Doble Phaeton
Año: 1928
Modelo: Fiat 520
Modelo: Phaeton
Año: 1929
Marca: Ford A
Modelo: Roadster
Año: 1929
Marca: Torino
Modelo: S Sedan
Año: 1972
Marca: Fiat Coupé
Modelo: Vignale 1500
Año: 1968
Marca: Desoto
Modelo: Coupé
Año: 1938
Marca: Whippet
Modelo: Camión c/caja
Año: 1929



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SEDE SOCIAL
Historia del viejo taller
 
· Frente del Taller que pertenece al CAAR.


por Orlando Américo Pérez

Las paredes oyen. Las paredes cuentan lo que oyen. Sólo es necesario disponer de la adecuada sensibilidad auditiva que nos permita oír la voz de cada ladrillo... entonces, cuando ellos hablan y como de ladrillos se trata, sus palabras se van ordenando una trás otra para formar frases que, a su vez, se van ensamblando hasta construir la historia.

Hoy me cuentan su historia las paredes de un viejo edificio, que nació taller y que a pesar de sus 70 años jamás ha dejado de serlo.

También es la historia de su gente, mecánicos de alma, que engrasaron sus manos día a día, por años, para ganarse el pan, sin horarios, sin siestas, pero con tiempo para crear, inventar, preparar autos de carrera, correrlos, hacer música o disfrutar de un asado con los amigos.

Fundado por los hermanos Roberts de Esperanza en 1914, en un local de Moreno y 25 de Mayo, poco tiempo después necesitaron de otro mayor y lo hallaron en Colón y Vélez Sársfield, y en 1924 decidieron que era tiempo de construir su propio local. A tal efecto adquirieron en el entonces barrio Recreo (hoy San Martín) a don Francisco Peretti, el terreno de bulevar Centenario (hoy Hipólito Yrigoyen) y Juan B. Justo. Fue en 1925 cuando izaron por primera vez los portones levadizos a contrapesos -creados por los propietarios del taller- para dar comienzo a sus labores en la casa propia.

El 30 de agosto de 1941 el taller es alquilado por dos mecánicos de oficio: Palmuci y Pratto. Los duros tiempos de la Segunda Guerra generaban una carencia de elementos casi total en el país. A esto se sumaba la imperiosa necesidad de trabajar cuando el trabajo era escaso, por lo que ambos debieron aplicar toda su habilidad e ingenio para reparar autos, tractores, reformar llantas o remendar maquinarias, y llegado el caso, hasta soldar el fondo perforado de alguna olla. Estuvieron bajo el techo de nuestra historia hasta el año 1945, época en la que comenzaron a percibir que la fortuna parecía volcarse a su favor, tanto como para hacerles pensar en acceder a su propio taller.

Y llegaron entonces Jorge Ternengo y Ernesto Lacertosa, sin dinero, pero con la firme voluntad de trabajar. Esto lo comprende don Francisco cuando les alquila el taller y les vende la maquinaria existente. Comienza la época de los autos preparados, las carreras, los asados con amigos y los clientes que se van satisfechos de la habilidad de ambos mecánicos.

Allí se prepara el Whippet de chasis invertido, aquel que en la carrera de 1947, al final de la avenida Santa Fe y las vías del Central Argentino, debido a su poco radio de giro, doblaba al cantero en plena carrera haciendo maniobras de marcha atrás, vuelta a vuelta.

 

· Juan Manuel Fangio -en  el auto- junto a Daniel Urrutia y a los amigos del taller, que revivían cada uno de los mejores momentos de sus vida sobre esos autos de carrera.

 

En una de esas noches de asado, los portones se elevaron para dejar pasar a un futuro cinco veces campeón del mundo, Juan Manuel Fangio, junto al bueno de Daniel Urrutia, su acompañante, quienes disfrutaron de la cena bajo aquel techo amigo. Faltaba poco tiempo para las 22 horas del miércoles 20 de octubre de 1948 momento en el que ambos sobre el Chevrolet Nº 1, darían inicio al Gran Premio de la América del Sur, poniendo rumbo a Caracas. Pero también estaba demasiado cerca la madrugada del viernes 29 de octubre, cuando terminaría la carrera para Fangio y la vida para Urrutia, entre las piedras y la niebla de un pueblito llamado Huanchasco, en Perú.

Cuántas anécdotas... como aquella de 1949 en Unquillo, cuando Ternengo, con premeditada picardía, obligaba a largar la final a una experta banderillera: la esposa del gobernador de Córdoba. Moviendo su Whippet primero ganaba la carrera sobre los ases del momento, promediando 86,620 kilómetros por hora en el difícil trazado serrano.

O aquella otra, cuando llegando al Parque Urquiza de Paraná y viajando en el mismo auto de carrera, se integra a los ensayos olvidando que llevaba su valija y la de Américo Inardi -quien lo acompañaba- atada a la parte posterior del coche. Resultado: ropa distribuida a todo lo largo del circuito, devuelta después una a una por los amables espectadores. Y un día, el final del Whippet en la recta norte del viejo circuito de Atlético, cuando el preparador Rogelio Vittori y Valentini impactaron contra un paraíso mientras probaban personalmente el rendimiento de la máquina.

Se construyó pacientemente un nuevo auto, el rojo Chevrolet, animador de tantas carreras y de varas "500 Millas Argentinas". En esta última competencia se abonaba el sexto puesto en 1955, 1957 y 1958. Bajo el mismo techo recalaba, en vísperas de carreras, Mario Sessareggo, consagrado piloto de ese tiempo, amigo y conocedor de la buena mecánica y de los excelentes asados que la gente del taller sabía administrar. A su vez, el Willys 6 de Lacertosa, cuyo bramido emocionaba al niño que por los años '50 era el autor de esta nota, participaba de aquellas "Vuelta de Las Colonias" para autos estandar. Cuando regresaba, le quitaban los tanques suplementarios, le ponían la capota y partían con él de turismo cruzando ida y vuelta la cordillera por empinados caminos sin pensas ni problemas. El Willys aún duerme bajo el mismo techo, junto a la recortada "chatita" Whippet y su inseparable block de contrapeso. Mientras tanto les quedaba tiempo para asociarse a R. Caballero y crear un servicio de transporte Rafaela-Rosario con aquel noble Ford 46 provisto de un furgón de madera bastonada marrón que se llamaba "Ñandú".

Y bajo ese techo, en ese ambiente, crecen el "Nene" Ternengo y su hermano Carlos. El primero, de las dos ruedas a las cuatro, lograría importantes triunfos a nivel nacional en distintas categorías. En 1969 ganaría nuestras "500" y el campeonato de Fórmula 1 Nacional, mientras que su hermano obtendría, en la misma carrera, un sexto lugar, ambos con motores Tornado.

El trabajo rinde sus frutos y un buen día el edificio es adquirido por Ternengo y Lacertosa. Luego en el año 1964, el segundo nombrad compra a su vez la parte del socio y se constituye en el único dueño.

Hoy, este edificio decano de los talleres de Rafaela, continúa en pie, conservándose tal cual como fue construido hace 70 años... si hasta los contrapesos de los portones llevan en su interior las piezas de algún Ford T con que los equilibraron en 1925. Sólo que ahora la vida transcurre calmada y lenta entre sus paredes. Llegó la hora del descanso. Ya no existe el movimiento de antes, pero igual se abren sus puertas casi todos los días, para recibir a los viejos amigos conversar de cosas del momento... y recordar lo que una vez fue.

Porque todavía se puede escuchar el eco de algún motor mezclado con las voces de Palmucci y Pratto, de Ternengo, Lacertosa, los Inardi, los Vittori, Rivas, Muriel, Boggio, Yacob, Curiotti, Iglesias, Manera, Valentini, Scalenghe, Boretto, Avalos y tantos otros. Algunos ya no están, otros siguen en la tarea de vivir; pero todos y cada uno de ellos son los personajes que, en el transcurso del tiempo, se fueron ensamblando entre sí como los ladrillos que hacen el edificio, para crear y dar vida a esa cosa cálida, palpitante y tan llena de recuerdos que es el corazón del viejo taller.

 



Marca: Fiat Spyder
Año: 1969
Marca:Chevrolet Sapo Pick Up
Año: 1951
Marca: Indian 1000cc V Twin Réplica
Año: 1915